Ir a página inicial
| Historia | Viaje Virtual | Tu Voz | | Datos de la ciudad

Más viva que Zelaya
Más historia que cuento por Emilio José Ortega Porras

La casa más bonita estaba lista para recibir al General Zelaya, las damas de Masatepe, por supuesto liberales, sacaban de los baúles sus mejores galas, los señores asoleaban su traje menos viejo y los indios partidarios del invitado de honor estaban desde muy temprano frente a la casa de la fiesta para ver entrar al Presidente.

A las once de la mañana llegó el General, lo reciben con eufóricos aplausos y vivas triunfales, la orquesta a como pudo ejecuta el Vals “Margarita de las Margaritas” a petición del Presidente, y empieza la tenida a tan asigne visitante. Luego de varios tragos los invitados entran en confianza con Don José Santos y se acercan varios serviles, cómo siempre han existido y le preguntan:

General, ¿qué le parece la fiesta?; muy alegre, muy alegre, contesta Zelaya; de pronto deja de prestar atención a la plática y suspira, luego dice: Lindas las muchachas pero no se ven ingenuas. General, le dice uno de los invitados, aquí viven dos lindas muchachas, su padre acaba de morir y viven con su mamá, una viejita descalza y muy esforzada, son lindas las muchachas, una morena de ojos café y otra rubia de ojos azules linda como ella sola, luego de la fiesta podemos llevarlo.

Se trataba de las Porritas (Eloísa y Mercedes), dos jovencitas preciosas tan sencillas y puras como jazmín de castilla, eran hijas de Don Esteban Porras días atrás fallecido, por una trifulca con un cavador de escusados. Resulta que Don Esteban le dio al hombre a cavar un hoyo profundo para hacer un escudado y el trabajo no resultó como él quería, se puso discutir con este el cual le sacó un cuchillo y le pegó dos estocadas en el estómago, Don Esteban casi sin fuerzas sacó pistola y le disparó a su agresor perdiendo el cavador de tan acertados balazos la vida.

Tan Grande eran las heridas de Don Esteban que de arrastradas entró a la casa, a los minutos sintió sed, pidió que le exprimieran tres naranjas, se tomó el jugo y a pocos segundos de terminárselo murió.

La fiesta seguía, al General Zelaya le pareció atractiva la propuesta y decidió que cuando se acabara el almuerzo iría a conocer a las muchachas. Le ordenaron al “concierto” de los dueños de casa que fuera a caballo a la Finca San Pedro, donde vivían la Porritas a decirle que el General Zelaya quería visitarlas ese día, para darles el pésame por la muerte de su Padre. Doña Luisa Casco, Madre de las muchachas, que se ganaba la vida vendiendo cajetas y las cuajadas de la leche de sus vacas, le pareció extraño, ya que Zelaya no las conocía y aunque fueran liberales no habían tenido con él amistad personal ni chiquita ni grande; pero a pesar de su extrañeza le dijo al mensajero que con gusto lo recibiría.

A las dos de la tarde, luego de tan alegre almuerzo, se dirigió Zelaya acompañado de sus escoltas y de cuatro serviles, a la casa de las Porritas. Llegó, lo recibieron con educación le ofrecieron un café negro con un pedazo de alfeñique y por no parecer presumido lo aceptó.

Habla Zelaya: Doña Luisa, me he dado cuenta que su marido acaba de fallecer, yo estoy preocupado por el futuro de sus hijas, le vengo a proponer que se vallan ustedes conmigo a Managua, ahí les voy a dar una casa y voy a mandar a las muchachas al Colegio y yo personalmente voy a estar al tanto de todo; Doña Luisa que era más paloma que las palomas, al cabo de dos segundos se dio cuenta de la propuesta disfrazada de Zelaya y la plática se suspendió por una breve pausa, mientras tanto Zelaya se sobaba las manos y decía, a estas palomitas yo me las llevó.

Dice Doña Luisa: General, yo le agradezco su propuesta, pero yo vendo mis cajetas, y no puedo dejar mis vaquitas, mis chanchos, mis gallinas, mucho me han costado, no se preocupe por nosotros, que auque seamos pobres no nos falta que comer.

Una indita descalza y bajita había salido más viva que el General Zelaya y que los cuatro cepillos acompañantes.

Decepcionado el General se despidió a los pocos minutos, y para no demostrar el fracaso, los “Aristócratas” acompañantes de Zelaya llegaron al pueblo diciendo que las Porritas eran mostrencas y que cuando Zelaya les preguntó la causa la muerte de su Padre, una de ellas le había contestado jínchamente: “Lo que jodió a mi tata fue un tiste que se hartó” con ese burlesco chile fue tapado el fracaso de los serviles y por consiguiente del General.

Masatepe, 2004

 

Ramírez: Compositores, Músicos, Poetas

Poeta Masatepino, José Dolores García Robleto

Poema a Masatepe por Elí Tablada Solís

Corrido a Masatepe

Las Hermanas Tapia Sánchez de Masatepe

Más viva que Zelaya

Alberto Ramírez Gutiérrez

Jeremía Sánchez Rayo

 
   
       
Derechos Reservados 2005. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de masatepe.org